jueves, 30 de abril de 2015

Cataluña: Un viaje inesperado

Este año, 4º, hemos hecho un viaje de fin de curso (al final del segundo trimestre) a ese bello país que es Cataluña. Fue una aventura peligrosa y llena de peligros peligrosos, pero hicimos grandes amigos como Jordi Garceta o DJ Mierdaseca que nos ayudaron a superar los peligros peligrosos.

El primer día, Rafa llegó tarde diez horas y por su culpa llegamos tarde diez horas. Fue un duro golpe, pero nos repusimos cuando fuimos a comer en un sitio donde vendían croquetas a 1,15 la unidad. Finalmente, pasamos por el paso fronterizo y entramos a Cataluña. Llegamos al hotel, donde nos recibieron cálidamente 0 personas y un par de carteles en ruso. Ese día nos dimos cuenta de que el buffet era maravilloso (nótese ironía) y de que el espejo de la habitación del GS se podía descolgar pero no colgar.

El segundo día conocimos a una gran persona llamada Jordi Garceta. Jordi era el pequeño de una familia de cormoranes que nació en el nacimiento del Ebro, y un día siguió la corriente y llegó al delta, donde le contrataron y le entrenaron durante años en el noble arte de ver garcetas por un telescopio. Rápidamente nos dimos cuenta de que era una bellísima persona y aprendimos mucho sobre las garcetas. Aunque por la tarde, despedirnos de él fue un duro golpe, pero se nos olvidó cuando volvimos a cenar en ese maravilloso buffet.

El tercer día fuimos a Barcelona, capital del país de Cataluña. Al llegar nos metieron en un simulador 3D sobre Gaudí que nos enseñó no se debe mezclar arquitectura y dragones porque salen edificios muy peligrosos, pero en el fondo era un buen hombre hasta que le atropelló un tranvía y le llevaron a un hospital de pobres y se murió. Luego, el GS consiguió la tercera máscara, que posteriormente se usará para defenderse de los vascos malos que asolaron el hotel.  Además, ese día Velas nos enseñó su ancestral técnica mediante la cual su cresta desafía las leyes de la gravedad.

El cuarto día fuimos a Port Aventura, donde aprendí que nunca te has gastado el dinero suficiente. Fue un día genial porque los rojos leninistas ganamos a los capitalistas en una carrera al Stampid y Velas se gastó diez millones de euros para conseguirle un peluche a la pobre Amanda. Nos montamos en el Shambala, que me hizo reflexionar sobre lo empinada que puede ser una cuesta sin dejar de ser legal.


El último día, llegué al baño de mi habitación y descubrí que la nevera había adquirido vida propia y había decidido mudarse, pues su anterior casa al lado de la terraza sin sillas no le parecía lo suficientemente buena. Fue un día triste, sobre todo porque comimos en un restaurante bastante malo, pero estuvo guay.




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