Siendo primaria la etapa más larga, sabe repartir su peso e
importancia bastante bien. Te preparan lentamente para lo que se te viene
encima. Pero, si hay un boom, una gigantesca explosión de cambios, nuevos retos
y fuegos artificiales, eso es la ESO.
La Educación Secundaria Obligatoria combina lo mejor de lo
peor, y aun así es genial. Coge tu etapa de mayores cambios, tanto físicos como
psicológicos; un nuevo mundo de deberes, trabajos y exámenes para que el que
crees que nadie te ha preparado, nuevos profesores, nuevos compañeros y unas
nuevas y horrorosamente difíciles asignaturas. En la ESO caes de culo contra el
mundo real, contra el mundo en el que o estudias o estas jodido, en el que
atiendes o estas jodido, en el que o sabes por dónde vas o estas jodido. Y, aunque en primaria te habían hablado de
cosas como recuperaciones, exámenes trimestrales o trabajos de investigaciones,
esos términos no cobran verdadero sentido hasta que no te encuentras de frente
con cualquiera de nuestros maravillosos profesores (véase nuestra maravillosa
profesora de informática que, espero, este puntuándome mientras lee estas
líneas).
Sinceramente, no puedo elogiar lo suficiente esta etapa.
Toda mi madurez (o la que creo tener) se lo debo a estos cuatro cortos y
efímeros años que he pasado en este centro. He viajado, me he reído, he
sufrido, he llorado; y, lo más importante, he aprendido valiosísimas lecciones.
Por todo esto, y por evitar sentimentalismos, creo que no hay nada más que
decir.
Francamente no entiendo por qué has decidido marcharte, ni sé qué piensas encontrar en los salesianos pero bueno, es tu decisión
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